Primera parte.
El error.
Capítulo I.
Oops.
Le di el último mordisco a mi —ya inexistente— pizza y miré la pantalla del televisor. Cake Boss estaba en transmisión y me divertía ver cómo Buddy y su equipo se las ingeniaban para hacer un pastel en forma de una tarántula gigante.
—Ugh, qué feo —murmuré y tomé otro pedazo de pizza de la caja.
Estaba en eso cuando mi celular empezó a sonar indicándome que tenía una llamada entrante. Era de Kira.
—¿Bueno? ¿Con quién hablo?
—La compañía de cable, señorita —respondió detrás la línea—. Le llamo para informarle que debe la renta de este mes.
—¿Está segura? Fui ayer a pagar.
—No. No tenemos registro de eso.
No pude más y me eché a reír. —Konnichi wa.
Me gustaba saludar en japonés.
—Hellooooooooow..!! —respondió—. ¿Qué estás haciendo?
—Estaba viendo Cake Boss antes de que la encargada de cobrar mi factura del cable llamara.
—¿Viendo Cake Boss? ¡Qué deprimente!
—Bueno, una no puede hacer mucho cuando está castigada...
Mi hermano mayor, Federiko, me había castigado tres semanas atrás al atraparme viendo porno. Y no piensen que era morbosa o algo así. Es que estaba cambiando de canal y... bueno, eso es otra historia.
—Bueno, ¿qué harás esta noche?
—¿Yo? Mhmhmh —fingí revisar mi agenda mentalmente—. Ah, sí. Quedarme en casa.
—Pídele permiso a Fede. Si le dices seguro que te dejará venirrr —arrastró la R.
—No lo sé...
—Dale. Y vemos una película.
—¿Cuál?
—Anabelle —respondió con tono misterioso.
Puse mi cara dubitativa. —No lo sé. Anabelle no me llama la atenci-
—Cobarde —me interrumpió.
Bufé. —Está bien. Estaré allí a las 6. Eso si Fede me deja ir.
—Bueno... te espero —y colgó.
Me levanté de la cama y apagué el televisor. Miré la pizza que seguía en mi mano y no dudé en comérmela —tragármela— de tres bocados. Caminé hasta la puerta de mi habitación, resignada a una pequeña discusión, y grité.
—¡Fede!
En pocos segundos estaba frente a mí. Fede era alto. Muy alto. Dios, ¡él era alto! Medía 1.93 y tenía una sonrisa cálida. Sus ojos eran cafés y llevaba su castaña cabellera alborotada. No era musculoso; pero tampoco un enclenque.
—¿Sí?
—Te quiero mucho, ¿sabes? —sonreí pícara y lo abracé. Fui recibida por unos brazos confundidos.
—Uhm... yo también te quiero —sonó dudoso.
—¿Y sabes qué más? —alcé mi vista para poder verlo a la cara—. Tienes un cabello hermoso.
—... No te dejaré salir.
Tardó mucho en comprender, de hecho. Yo no era del tipo que abrazaba y hacía mimos sin razón.
Me aparté de él con brusquedad. —¡Fede! ¡Ya han sido 3 semanas!
—Te castigué por un mes.
Se dio media vuelta y caminó de regreso a su habitación. Yo le seguí.
—¡Vaaaamos! Es a la casa de Kira. Por favorrrr.
Había llegado al punto de rogarle, y no me sentía cómoda con eso.
—¿A la casa de Kira?
Sonreí para mis adentros. Kira y él eran ex novios. Tuvieron una relación de varios meses en el pasado, pero por... cosas... habían terminado.
Fede me miró. —Yo te llevo.
El trayecto hasta su casa era de 25 minutos en auto, los cuales Fede y yo llenábamos con canciones de Coldplay y karaoke de hermanos inprovisado. Se detuvo frente a su apartamento, el cual era más decente que el nuestro. Fede y yo vivíamos en un apartamento en las afueras de la ciudad, solos. Nuestros padres vivían en otra ciudad bastante lejos de la nuestra, por cosas laborales —sí. Fede era mi padre en esos momentos—, y siempre venían sus amigos a pasar el rato, lo que hacía a nuestra casa verse un poco destartalada... mientras que ella vivía en el centro, con su primo Des.
—¿A qué hora paso por ti? —me preguntó.
—A la que usted quiera, señor —bromeé, aguantándome mi sonrisita.
Me bajé del auto y crucé frente a él. Me paré frente a la ventanilla del auto.
—¿Estás seguro que no quieres pasar? A Kira le agradará verte —mencioné con un tono leve de gracia en la voz. Fede sólo me miró—. Ya, ya —me aparté del auto y vi como Fede se alejaba por el camino.
Caminé hasta la entrada de la casa y toqué el timbre. Minutos después, Kira me había abierto la puerta. Pasé inmediatamente, tarareando Magic.
—Call it magic. Call it truth —me moví por la sala mientras la veía cerrar la puerta. Se detuvo a mirarme, con brazos cruzados—. Call it magic, when I'm with you —le señalé, y empecé a bailar. No bailaba bien, pero algo hacía—. And I just got broken... Broken into two —me acerqué a ella, le tomé de ambas manos y la obligué a moverse—. Still I call it magic, when I'm next to you...
—Hola —me dijo riendo.
—Me arrepentí de ver Anabelle —gruñí, me giré y caminé hacia el sofá—. Veamos otra cosa —me senté y la miré acercarse a mí.
Kira era un poco bajita... Bajita comparada con Fede y comigo, quiero decir. Y tenía el cabello castaño oscuro y largo. Tenía ojos de color chocolate y grandes, y su piel era pálida.
—Pero si Anabelle es súper genial —dijo meciéndose de un lado a otro. Se derrumbó a mi lado.
—No quiero. Mejor veamos My Little Pony, la historia de Rainbow Dash y cómo aprendió a cagar arcoíris —tomé un cojín y lo coloqué estratégicamente en mi cuello, para más comodidad.
—Pero, Kyo —lloriqueó, agarrando la manga de mi camiseta.
Rodé los ojos y reí. —Está bien.
—Sííí —celebró, levantándose del sofá—. Vamos a preparar palomitas —dijo corriendo hacia la cocina.
Yo le seguí con las mismas ganas que ella. Presentía que iba a ser divertido.
—Primero que nada, dime si Des no está aquí, por favor —rogué sentándome en la isleta.
—No. No está —respondió buscando las palomitas en la alacena—. No entiendo cuál es tu problema con él —se rió.
Des, su hermano, era... bueno, era alguien... especial. Yo no lo odiaba, pero, no lo sé. No podíamos estar en la misma habitación.
—Meh. No tengo ninguno —empecé a girar en la silla.
Kira colocó la bolsa de palomitas en el microondas. —¿Irás al baile?
Negué con la cabeza.
—No tengo pareja... —me quejé. La idea de los bailes no era de mi agrado porque, al final, terminaba yendo sola.
—Porque quieres. Te han invitado muchos chicos y tú te has negado.
Empezaba a marearme de tanto girar.
—Bueno. Ellos no me agradan...
Las palomitas empezaron a hacer "pop".
—¿Qué tal Jules? Él es interesante.
—Pero tiene feo cabello —paré de girar cuando escuché el timbre del microondas. Me levanté de la silla y, efectivamente, todo me estaba dando muchas vueltas. Empecé a reír.
—¿Y Memphis?
—Él es más bajo que yo —bufé, empezando a caminar hacia la sala—. Pero quítate de eso —dije un poco más alto, para que me escuchara en la cocina, y me senté en el sofá otra vez—. ¿Entonces irás con Justin?
Unos segundos después, ella ya estaba haciendo acto de presencia en la sala con un bowl de palomitas. Se sentó a mi lado.
—Uhm... sí... Él no está mal y es muy lindo —me miró—. Él tiene un hermano, ¿sabes?
—Bien por él —le di largas al asunto. No estaba tan desesperada.
Y bueno, ¿qué decirles? La película estuvo genial y, en cierta parte, divertida. Pero no pude terminar de verla porque Fede ya había ido a buscarme.
Bufé y me levanté apurada del sofá. Me acerqué a la ventana y vi el auto de Fede aparcado afuera. Él era el tipo de chico paciente... pero en situaciones así, no lo era tanto. Así que me apuré a despedirme de Kira y bajé a toda velocidad. En un santiamén estaba frente al auto.
—¡Llegaste muy temprano! —me quejé mientras recuperaba el aire.
—¿Temprano? ¿Has visto la hora? —rió—. Dale, sube al auto.
Refunfuñando, le hice caso. Ya dentro, empecé una pequeña discusión.
—Nunca me dejas salir —le dije—. Me tienes encerrada en casa y no puedo visitar a nadie. ¡Me siento retraída socialmente! ¡Necesito salir! ¡Tengo que socializar y y y... tener amigos! ¡Como tú!
Fede sólo se había quedado mirándome mientras le decía cosas sin sentido en el asiento co-piloto.
—¡Quiero ir a fiestas, conocer gente, tener NOVIOS! ¡Ya tengo 16 años!
Cuando terminé de hablar, Fede me miró.
—Saluda.
—¿Saludar a quién?
Instintivamente, me giré. En el asiento trasero estaban sus amigos Khris y Matt, y otro chico que no reconocía.
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