jueves, 21 de mayo de 2015
El Baile, volumen I.
Pasamos la noche con mucha tranquilidad. Le había dicho a Fede que iba a dormir a casa de Kira y que por lo tanto no regresaría hasta la mañana. Y Sid... bueno, él ya se había ido antes que yo. De tal manera, nadie se enteraría de que estuvimos juntos. Pero tranquila: pese a tenerlo como cita del baile, empezaba a verlo como hermano. Y no se me ocurría que nuestra relación podría pasar a algo más que eso. Y estaba bien.
Al día siguiente, en la tarde, Sid se apareció en casa pidiendo hablar con Fede a solas. No me pareció una exageración: Fede era muy celoso conmigo, en lo que a chicos se refiere. Y él conocía a Sid de sobra. Y por eso. Por eso sabía que iba a costarle mucho conseguir el "Sí, puedes llevarla al baile" de Fede. Pero lo consiguió.
Voy a decirte que sentí un gran alivio en ese instante.
El Miércoles, Kira fue a recoger su vestido a la tienda —en Bershka sólo encargas online: no lo llevan a tu casa—, así que aproveché para comprar el mío. No tenía ninguna intención de dejar a Sid boquiabierto. Porque nuestra cita no era una cita de ligue, sino de... pura amistad. Así que elegí algo realmente simple. Y por si te lo preguntas, no. Kira no sabía que Sid era mi pareja.
—Anda, dimeee —rogó mientras salíamos de la tienda.
Yo sólo sonreí una vez. —En su momento lo sabrás.
Y bueno, ¿qué decirte? La preparación para el baile es infernal. Chicas corriendo de aquí a allá preguntándose si sus malditos vestidos van a combinar con las cortinas del salón. O si los bocadillos mancharán sus dientes... En parte, es deprimente. Pero no importa. Yo había metido a Kira en ese lío y tenía que acompañarla hasta el final.
El Sábado fue el día, finalmente. Me fui a casa de Kira para arreglarme en paz, ya que Matteo no dejaba de molestarme respecto a mi vestido. "Es demasiado simple. Deberías usar algo más... interesante." Y ya que la banda estaba practicando en casa, no podía echarlo. Y además Sid también estaba ahí, y quería, no sé, al menos sorprenderlo con mi aspecto — no había visto mi vestido, sólo Fede y Matt.
Así que estaba intentando hacer algo con mi cabello, mientras que Kira trataba en serio de ponerse rímel, cuando Des entró a la habitación. Se detuvo a unos pasos de la puerta a mirarnos. Yo ni siquiera me dispuse a lanzarle una mirada agria, seguí pendiente a mi cabello. Pero sí que lo escuché bien.
—No puedo creer que te hayas dejado arrastrar por la Rubia —se quejó, en dirección a Kira. Yo ya me había acostumbrado a ese irritante apodo.
Y aclaro, no soy rubia. Soy castaña.
La leve discusión que se armó a continuación fue un tanto incómoda, pero yo supe ignorarla de la manera correcta terminando de darle los últimos toques a mi cabello. Le sonreí satisfecha al espejo. Pero la verdad, sólo me gustaban las ondas que logré hacerle a mi cabello. No llevaba nada de maquillaje en el rostro, y mi vestido tenía el color más llamativo de todos: el blanco. Y no llevaba nada más que unos simples aretes de imitación de diamantes de joya. No me sentía cómoda conmigo misma, pero sabía que en cuanto empezara a divertirme todos esos pensamientos se irían a la basura.
Me hubiera gustado llevar mis típicos converse negros, o incluso unas Vans. Pero para ir acorde, decidí usar unas sandalias color plateadas con unos toques metálicos.
Pero si mirabas a Kira, estoy segura de que te hubieses quedado sin respiración. Su vestido era azul cielo, y tenía un lindo encaje blanco en la parte de arriba: dejando que la parte de abajo, que era de tul, formara una forma de A espectacular. Había hecho que su vestido combinase con sus pendientes y pulseras, y llevaba un sencillo maquillaje. Y su cabello, normalmente lacio, caía con unas leves ondas en la punta. Lucía espectacular.
Le puse su tiara de princesa, y su banda, y ambas nos miramos al espejo. La sensación que me invadió fue tan conmovedora, que lo único que hice fue reírme.
—Esto es muy cursi —mencioné, apartándome rápido del espejo. Tomé mi bolsa-de-lazo-cruzado. Iba a ir con un vestido, pero no por eso debía usar esas estúpidas bolsas de mano. Además estaba segura de que en algún momento iba a perderla.
Cuando bajamos al porche, justo estaba llegando Justin en una limousina alquilada. Alquilada por mí, con mi dinero, quiero decir. Pero a Kira no pareció importarle: al contrario, se mostró muy cariñosa con él en el camino. No me agradaba mucho Justin, pero supongo que debía empezar a aceptarlo. Él era muy importante para Kira y todo eso.
—¿Y tu pareja, Kyo? —preguntó él.
Yo sonreí, tratando de ser amable. —Nos encontraremos en el baile.
—¿Me vas a decir quién es? —me preguntó Kira. Yo negué y me reí.
Cuando llegamos a la escuela, todos estaban entrando. La verdad, todo eso le daba una apariencia de elegancia a la cárcel que le creí perdida. El ambiente estaba en su punto. Justo como a mí me gustaba.
Kira y Justin se bajaron en la entrada, caminando por la alfombra roja que las princesas de la escuela se habían ingeniado en conseguir, y caminaron por ahí como si de la realeza se tratara. Me sentía muy orgullosa por mi amiga, pero en lo que a Justin concierne, preferiría verlo caminar hacia la horca.
Por mi parte, me quedé en la limousina y le dije al chofer que me llevara hacia el estacionamiento. Me dejó allí y puso el vehículo en marcha, dejándome sola. Me sentí algo triste, pero inmediatamente me encaminé hacia la puerta trasera de la escuela, que daba otra entrada al gimnasio donde el baile tenía lugar. Entrando, me encontré con Aylin, que estaba enrrollándose con su novia al lado de los globos. Rodé los ojos, decidida a no molestar, y seguí caminando.
Probablemente no te había hablado antes de ella. Pero es una buena amiga que conocí hacía unos meses atrás. Su cabello era negro y lacio, pero corto, hasta los hombros, y su piel era de un leve color quemado. Sus ojos, negros, te delataban cuando mentías.
Observé mis alrededores. Todos mis amigos tenían a su pareja allí y yo sólo haría mal tercio, de seguro. Así que me fui a sentarme a una de las mesas y me quedé sola por un largo rato. De pronto, Sid cayó en la silla a mi lado.
—Lamento llegar tarde —me dijo, acomodándose el moño que llevaba por corbata
Me sentí realmente afortunada de tenerlo a él como pareja en ese momento, y una sonrisita se escapó. Mis mejillas empezaron a arder cuando él reparó en mí.
—Pero, oh, mírate... Luces genial.
—Digo lo mismo —murmuré. Y no mentía. Sid se veía como uno de esos modelos de Calvin Klein a los que tanto me apetecía violar. Tenía un esmóquin simple, negro, y su cabelló lo ató en una cola de caballo. Pero eso no lo hacía lucir menos impactante.
—Gracias —me guiñó un ojo—. Mira, abriremos el baile con un par de cancioncitas y luego dejaré a Matteo a cargo. Entonces podrás ir a presumirme con tus amigas.
Se levantó de la silla, apretó una de mis mejillas, y se fue de allí, dejándome literalmente embobada. Ese día descubrí que los chicos en esmóquin, principalmente si se trata de Sid, me pueden.
Escuché la voz de Fede en el micrófono, presentándose como Splash!. Y, sin más preámbulo, empezaron a presentar I Wanna Be Yours. Sid era el vocalista principal, y su voz hacía que las hormonas que tanto me esforzaba por mantener tranquilas se alocaran. Lo había escuchado cantar antes, pero no con tanto profesionalismo...
Por la puerta principal, empezaron a entrar las princesas y sus acompañantes, aún caminando por la alfombra roja —un dato importante, Khris la consiguió para Kira a un módico precio—. Al son de la canción, empezaron a bailar en el centro de la pista. Era una canción exesivamente lenta, así que se les hacía fácil mantener el ritmo. Observé a Kira, quien parecía un poco perdida. Y era normal: ese no era su ambiente. Pero Justin le explicaba con dulzura cómo dar cada paso, sin equivocarse, y ella sonreía y hacía lo que él le decía. En ese momento no me caía tan mal.
Miré al escenario, donde estaba Splash!, y vi la cara de Fede. Su cara estaba algo roja, probablemente por los celos, o por la lentitud con la que tocaba la batería, pero yo opté por la opción A. Él aún sentía algo por Kira, y si no necesitara dinero extra para comprar esas baquetas que rompía cada 2x3, o si no quisiera dar a conocer Splash!, estoy segura de que no hubiera aceptado la oferta que Abby le presentó de amenizar el baile.
(aquí detente un rato y sólo escucha la música, aire. idk, imagínate a ti y a Justin bailando, y a mí observándolos a todos ustedes y dando mi raro punto de vista de cada uno).
De repente, algo más movido empezó a sonar. Era Arabella, y a mí me encantaba esa canción, así que me sorprendí a mí misma moviendo los pies debajo de la mesa al ritmo de la canción y tocando una batería imaginaria, mientras las demás personas se unían al baile y la fiesta empezaba a ser fiesta.
—¡Kyo! —escuché a mi amigo Jairo detrás de mí. En un pestañeo ya estaba sentado a mi lado. Él era un chico muy alegre y divertido, con el que me gustaba pasar el rato y jugar videojuegos. Era rellenito y tenía la piel de color—. Debiste aceptar mi solicitud al baile, así no estarías sola.
Era un comentario demasiado ingenioso incluso para él. Sonreí.
—Gracias, Jairo, pero no estoy sola —alardeé.
—¿Con quién viniste?
—Vine con mi amigo —remarqué la palabra amigo como si la vida se me fuera en ello— Sid. Luego te lo presentaré, es buena onda.
—¿Entonces no quieres ir a mover el esqueleto un poco?
Lo miré. Jairo y yo no éramos una mezcla muy buena, pero acepté. Muy pronto sabrás por qué.
Así que, al ritmo de Arabella, Jairo y yo empezamos a movernos raro en la pista de baile. Yo sabía bailar igual que un pez, y Jairo no era un bailarín que digamos, así que ya puedes imaginarte. (inserte aquí el blooper de Aneiro y yo bailando).
Le eché un ojo a Kira, quien estaba avergonzada. Y seguro era por mi comportamiento, pero eso nos hizo reír más a Jairo y a mí. Sé que Fede no iba a estar contento tampoco.
(no leas más hasta que termine Arabella)
Arabella dejó de sonar y Jairo y yo nos miramos, esperando la próxima pieza, pero alguien nos interrumpió.
—¿Me permites esta pieza?
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