—¿Divirtiéndote? —me preguntó Jaden, imitando el comentario que hice la noche que nos vimos.
Sonreí cortés. —Puedo pensar en al menos una cosa que preferiría estar haciendo —lo imité igual.
Jaden adoptó una pose relajada frente a mí y miró hacia la multitud. Su cabello rojizo estaba sutilmente peinado hacia atrás, con algunos flequillos cayéndole en la frente. El esmóquin que llevaba tenía apariencia de un esmóquin de los 70. Pero se veía divertido, así que decidí alagarlo.
—Lindo traje.
—Gracias —me dijo, inspeccionándose a sí mismo de arriba a abajo. Luego me miró—, es una reliquia. Le pertenece a mi papá.
—¿Y no pudiste conseguir algo más a la moda?
—Bueno, ¿qué puedo decir? Me pareció que sería algo más original —se encogió de hombros—. ¿Viniste sola?
—No, vino conmigo —bramó Aylin, detrás de mí.
—Hola, Aylin —saludó Jaden, irónico. Se acercó a mí, lo suficiente como para susurrarme en el oído:—. ¿En serio vienes con ella?
Reí sutilmente. —No, vine sola... —me lo pensé mejor— bueno, técnicamente vine con Sid.
Jaden abrió sus ojos, con exageración. —¿Con Sid?
Asentí.
—Ah, claro —dijo, notablemente molesto—. Claro. Por supuesto. Desde luego... —metió sus manos en sus bolsillos e hizo un mohín—. Estaré por allí —señaló un punto muerto del gimnasio—, por si... necesitas algo... —y sin más, se fue.
—Tiene lindo cabello —mencionó Aylin mientras caminábamos—. Estás condenada a tener amigos con mejor cabello que tú.
—Sí. Bueno. Todo el mundo lo tiene, para ser honestas —y reí.
Llegamos adonde Sid seguía afinando su guitarra y practicando acordes. Habían varias chicas a su alrededor, sonriéndose unas con otras y escuchando algo que él les decía. Rodé los ojos tomando la mano de Aylin y me di media vuelta. No quería interrumpir su charla con ellas.
—Uh, re cocky boy.
Me encogí de hombros. —Sí, él es así. ¿Quieres salir de aquí? Me estoy aburriendo horrible y quiero tomar algo burbujeante.
—Sí, claro. Pero primero vayamos a votar para esa cosa del baile. Christina está postulada y me pagó una caja de Arizonas por votarle —rió, cambiando de dirección hacia la caja de votaciones. Casi me olvidaba de la única razón por la que había asistido.
—Deberías votarle a Kira —mencioné con voz atractiva.
No me convenía que ella votara por Christina por dos cosas. La primera: Christina me caía mal luego de haber terminado conmigo sin razón alguna. La segunda: Kira tenía que ganar, obvi.
—Pero Chris ya me pagó —objetó, escribiendo un "Christina" en una letra descuidada.
—No tiene que enterarse —contesté.
Escribí "Kira" en cursiva, cuidando mis letras sin mucho esfuerzo. Deposité el papel en la urna y miré a Aylin. Estaba debatiéndose entre si votar a Kira o votar a Christina.
Al final cedió. —Está bien.
Tomó otro papel y escribió el nombre de la futura reina y yo sonreí satisfecha.
—¿Cuándo darán el resultado? —me preguntó.
—Creo que... —medité un poco, tratando de recordar—, en media hora.
Aylin bufó, yo reí.
—Podemos esperar media hora —alenté, abrazándola desde el costado—. Mira, ¿qué te parece si te vas a ligar a alguien? Escuché que Malena está buscando experimentar.
Ella sonrió. —¿Y tú qué harás? —cabeceó en dirección de Kira, quien estaba bastante ocupada con su cita. Luego miró a Sid, quien seguía pendiente a lucir galán y sonreír—. No pretenderás que te deje sola aquí.
Suspiré. —Estaré bien. Puedo ir a bailar con Jairo, o a jugar videojuegos con Harrison y Anthony. Aún no lo sé. Tal vez me vaya a flojear con Jennifer y Matthew —reí. Lo último no parecía tan mala idea—. Sí, eso voy a hacer. Adiós —empecé a caminar alrededor, buscándolos. Pero rápidamente cambié de opinión.
Jaden estaba recostado en una pared, con un poco de ponche en las manos. Lucía cansado. O mas bien harto. Tenía el moño de la camisa desatado y se había quitado la chaqueta. Sonreí y decidí caminar hacia él.
Al llegar, me apoyé a su lado.
—Hiya —solté, ladeando una sonrisa.
—No me hables. Estoy demasiado herido.
Cubrió sus labios con el pobre vaso de cartón, azul al igual que su traje, y desvió la mirada. Yo reí sonoramente, entendiendo que estaba siendo dramático.
Me prendí de su brazo. —Oh, Jaden, criatura. ¿Qué te he hecho?
Él me miró y yo sonreí irónica.
—Me hiciste sentir estúpido, Kyo —habló con seriedad—. Me hiciste rebuscar en el cajón de mi papá, en el maldito ático lleno de telarañas y polvo y pagar 5 euros en la maldita tintorería, para que, al llegar, te busque por todo el jodido gimnasio y me digas con toda la naturalidad del mundo que viniste con alguien. Con Sid —gruñó al terminar y quitó la vista de mí.
La sonrisa irónica que tenía hasta ese momento se borró.
—Es una broma, ¿verdad?
Él apretó la mandíbula, y supe de inmediato que estaba enojado y herido. Pero pese a eso, sonreí.
—Jaden... —susurré, antes de estrecharlo contra mí—. Es la cosa más linda que has hecho por mí —me separé lo bastante como para mirarlo a los ojos, aún con mis brazos alrededor de su torso—. ¿Por qué no me invitaste directamente?
—Intenté hacerlo —suspiró—... Cuando estabas en la fiesta de Sid, supe que quería ir contigo al baile. Y lo intenté, pero me enojé y me aparté de ti. Luego, cada vez que te veía en los pasillos, quise hacerlo. Pero me apenaba mucho —pasó su mano por su cabello, peinándolo más hacia atrás—. Y pensé "Oh. Bueno. Está bien. Kyo es alguien poco convencional. Seguro le gustará que la ocasión se de más casual y tranquilamente." Así que vine.
Thinking Out Loud empezó a sonar y no pude evitar preguntarle.
—¿Quieres bailar conmigo?
—Estuve esperando a que me preguntaras eso —respondió con una sonrisa.
Caminamos tomados de la mano hasta la pista y volví a abrazarlo, y esta vez el me abrazó igual. Empezamos a movernos al compás de la musica, y estábamos tan juntos que pude oler su aroma, dulce, dulce canela.
—Sé que te gusta la canela —murmuró.
Mi corazón empezó a latir con rapidez y mis mejillas empezaron a albergar sangre.
—Y sé que te gusta que te abracen en el área de los omóplatos porque te hace sentir más protegida.
—Jaden, basta. Vas a hacerme taldear —confesé, abrazándolo con más fuerza. Dimos una vuelta y yo aferré mis manos en su espalda.
—Extraño tus taldos... —susurró, y luego suspiró.
La razón por la que lo terminé fue muy simple: me engañó. Me sentí muy herida, e incluso pensé que los hombres no eran para mí. De ahí nació mi relación con Christina. Pero yo estaba ahí, entre sus brazos, respirando su aroma y sonrojándome como una maldita niña de 10 años. Y sobre todo, me había olvidado de Sid.
—Y extraño tus horribles chistes.
Lo miré a los ojos, ilusionada.
—Pero extraño también reírme de ellos y decirte que eres mala contando chistes —ladeó una sonrisa y me estrechó más cerca—. Luces hermosa hoy.
—Gra-
Sin previo aviso, fui arrancada de los brazos de Jaden. Tal como si me hubieran arrancado de raíz de la tierra.

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