ADVERTENCIA: Lo que leerás a continuación son hechos verídicos. Tengo el consentimiento de las personas envueltas en el caso, así que está bien si lo sabes. Ya es hora.
/¡\ En Europa la mayoría de chicos y chicas empiezan su vida sexual a los 12 años. (chau, qué tristE. virgen 100pre)
Capítulo XVI,
Oh, Matteo.
La puerta se abrió y era un sollozante Matteo. Tenía la cara realmente roja y los ojos muy hinchados, las lágrimas le zurcaban los ojos y bailaban sutilmente en su mejilla. Tenía ojeras y se veía hecho un asco.
—M-matt, ¿estás bien? —pregunté, al instante reprendiéndome mentalmente. Obviamente no estaba bien. Salté del alféizar y lo encontré a mitad de mi habitación y lo abracé realmente fuerte—. ¿Qué pasó, Matty?
Él me abrazó de vuelta y sólo lloró en mi hombro. Estuvimos un largo rato así, hasta que él se apartó de mí y fue ahí cuando pude verlo bien. Tenía moretones en el rostro, el labio partido y un ojo morado.
Me llevé una mano a la boca con sorpresa. —Oh, Matteo... —musité.
No dijo una palabra. Sólo caminó hasta mi cama y se sentó en la orilla. Me quedé parada frente a él, mirándolo, no sabía qué hacer. Dentro de mí me preguntaba si se había metido en alguna pelea de bar, o si lo habían asaltado.
Iba a formular una pregunta, cuando él empezó a quitarse la ropa. Por alguna razón no pude hacer nada más que mirarlo desconcertada, mientras que él se descubría la piel. Su cara era poco en comparación; tenía moretones en la clavícula, el pecho, los brazos, el estómago y las caderas. Estaba maltratado y todo eso se veía demasiado doloroso.
Al final se quedó sólo con sus bóxers y sus lágrimas y su expresión vacía. Ni siquiera hacía esfuerzo para llorar. Sólo lloraba.
Me apresuré a sentarme a su lado demasiado preocupada, e hice ademán de tocarle el hombro, a lo que él respondió con un leve salto, pero se dejó. Noté que su espalda estaba igual de lastimada y que en su mayoría eran moretones, pero que también tenía varias mordidas y chupetones.
Me asusté bastante. —¿Qué sucedió?
Él se tomó un largo y profundo respiro, y sonaba como si incluso eso le doliera. —Anoche fui a comprar vegetales orgánicos —empezó, y se cortó a sí mismo con un sollozo.
—Todo estará bien. Estarás bien —aseguré, incitándolo de esa manera a seguir.
Sorbió su nariz y se limpió un par de lágrimas. —Anoche fui a comprar vegetales orgánicos —repitió—. Khris me dijo "Por los clavos de Cristo, Matteo, haz algo con tu vida y ve a comprar algo de lechuga. A Rose le encantará saber que fuiste a Avgust's a comprar sólo para ella." A mí me cae demasiado bien Rose así que fui a Avgust's —reprimió un sollozo—. Me sentía útil porque sabes que las únicas personas que se han preocupado de verdad por mí son los Wayne y Fede y tú y- yo- ugh, ¡sólo quería hacer algo con mi vida! Pero cuando-... cuando llegué a Avgust's todo mi mundo se fue abajo —se aferró a mí y volví a escuchar su llanto. Lo abracé con firmeza, aún sin entender por qué estaba tan lastimado. Luego de un rato se separó y continuó—. Dominik- él... Dios. Dominik él estaba ahí.
Mis ojos se abrieron de más a causa de la sorpresa.
Cuando Matteo tenía 13 años, se había decidido a empezar ya su vida sexual. Era un chico demasiado extrovertido y le gustaban tanto los chicos como las chicas, y, Dios, ¿has visto a Matteo alguna vez? Su rostro de ángel era demasiado llamativo y atractivo y excitante. No fue difícil para él iniciar de la manera más activa posible.
Unos meses después, lo conoció. Conoció a Dominik. Estaba en una fiesta y simplemente conectaron. En poco tiempo entablaron una relación, que las primeras semanas fue demasiado hermosa. Pero luego, empezó el abuso.
"Matteo, quiero que hagas esto de esta manera."
"Matteo, por favor, ¿puedes dejar de ser tan estúpido?"
"Me apena salir contigo en público, ¿sabes?"
"Matteo, ¡no sirves para nada!"
"Eres un maldito idiota, ¿cuándo crecerás?"
"¡Tú todavía eres un niño! *risas* No sé qué hago contigo, para ser honestos."
"No haces nada bien. ¡Ya cállate!"
"Eres una basura."
Más adelante, los golpes.
"¡Te he dicho que no te sientes así, maldita sea!" y sin importarle dónde diablos estuvieran, le pegaba. Generalmente en su demasiado-delicado rostro.
"Me pregunto cuándo dejarás de ser tan estúpido, pedazo de animal." Un moretón.
"No limpiaste bien. ¡¿Te parece que esto está limpio, Matteo?!" Más golpes.
Al final, empezaron las violaciones.
Sólo diré que una vez lo violó encima de su propio vómito.
En el proceso de sus abusos, lo orilló a apartarse de nosotros, su familia. Ya casi ni siquiera estaba en su propia casa y cuando nos veía estaba demasiado asustado como para siquiera decirnos un "hola" decente. Se veía demacrado, y lo más triste es que no podíamos hacer nada para ayudarlo porque no nos decía nada. Yo estaba más pequeña, pero podía sentir que había algo completamente diferente en él. Que algo andaba mal. Pero sólo nos limitábamos a ver cómo Dominik lo consumía lentamente.
Un buen día Fede se hartó. Junto a la ayuda de Khris, su familia y mis padres lograron hacer que Matteo escapara de él. Y de sus padres demasiado indiferentes del tema. Todos nos vinimos desde Celje hasta acá. Todo para que él mejorara.
Era sólo un niño. No entendía cómo alguien podría abusar de él. Matteo probablemente es la persona más especial que he conocido en toda mi vida y alguien simplemente venía y trataba de apartar la inocencia de su vida.
Y ahora que tenía 17, que había pasado por años de terapia y recaídas y problemas adyacentes —como retraerse socialmente, drogas, alcohol, cortarse—, quería volver a hacerle daño.
Me quedé callada tratando de digerir todos los sentimientos que me invadían de una sola estocada. Matteo aprovechó para continuar hablando.
—En el instante en que lo vi, yo- yo simplemente me paralicé. No sabía qué hacer o adónde ir. Solo... me quedé en medio del pasillo con unos malditos tomates en la mano —se llevó las manos al pelo y empezó a tirar de él con desesperación, traté de evitar que lo hiciera pero sabía que lo mejor sería que se desahogara—. Lo miré a los ojos. Esos ojos azules demasiado fríos como para ser humanos. Lo vi acercarse a mí con la sonrisa que usaba cada vez que iba a abusar de mí- cada vez que... cada vez que me hacía agonizar de dolor y yo sólo empecé a llorar aún paralizado en el pasillo.
Me cubrí el rostro. Sentía mis ojos arder y mis orejas y mi cuello y todo mi cuerpo porque estaba muy enfadada.
—Antes de siquiera poder reaccionar... desperté tirado en una cama de un sucio, sucio hotel demasiado lejos de aquí.
No soporté más y lo estreché contra mí con la esperanza de que todos los pedazos que Dominik había vuelto a romper se pegaran, pero no fue así.
—¡Yo no quería volver a verlo nunca más! —gritó con desesperación, aferrándose a mí como si fuera su única forma de desahogarse—. ¡No queria volver a sentir sus manos en mí, no quería volver a sentirlo dentro de mí! ¡Y el destino fue tan perro como para cruzarme en su camino una vez más y yo- yo-! —se cortó una vez más debido a los sollozos.
Fede no tardó en aparecer, notablemente preocupado. Cuando vio la escena, simplemente perdió las fuerzas y tuvo que sentarse a mi lado mientras le daba a entender lo que había pasado, a la par que trataba en serio de hacer sentir a Matteo protegido.
Esa mañana fue una de las peores de mi vida. Cancelé a Aylin a tiempo y llamé a Khris —el cual estaba demasiado preocupado porque Matteo no llegó a dormir, pero que de igual modo no se atrevía a llamarnos por miedo de que le reprocháramos que lo había perdido— para que les cancelara a sus hermanos y viniera, y a Sid. Nos necesitaba a todos juntos y necesitaba saber que pasara lo que pasara íbamos a estar ahí para él siempre.
—Tengo que llamar a mis padres —dijo Fede, sentado en la isleta de la cocina con una taza de café en las manos.
Eran las 3:37 de la madrugada y Matteo seguía llorando y seguía maldiciéndose y se había bañado como 152 veces. Khris y Sid trataban desesperadamente de hacer que les dijera dónde estaba ese hotel y así poder seguir sus pasos y —quizá— matarlo a golpes. Pero él no cooperaba. Seguía demasiado triste, demasiado mal, demasiado roto.
Yo suspiré. —C-creo que no. Tal vez... —vacilé—, quizás lo mejor sea arreglar esto nosotros mismos.
Fede me miró. —No. No. Tenemos que hablar con ellos. Antes no lo denunciamos porque él aún era menor de edad al igual que Matteo, ¡pero el ahora debe tener como 21 y Matteo aún sigue siendo menor de edad y no permitiré que se salga con la suya de nuevo! —a medida que hablaba, sus manos se habían fundido con la taza y tenía los nudillos blancos.
—Cálmate. Sé que es doloroso —pasé mi mano por su espalda tratando de calmarlo—. A mí también me duele. Pero ¿quién hará justicia? Nadie va a tomarlo en cuenta, Fede —susurré, cuidándome de que Matteo no me escuchara—. Ya sabes como se toman todo esto de las relaciones homosexuales. Sólo... van a echarle la culpa. Lo tacharán de morboso. Le dirán "eso sacas por mantener relaciones sexuales tan promiscuamente." Le darán un folleto de cómo cuidarse sexualmente y terminará aún más herido.
Noté cómo Fede reprimía las lágrimas cuando se giró para abrazarme. Era un asunto que habíamos olvidado por un tiempo y había regresado a nosotros como a quien le lanzan un gran balde de agua fría.
—Me odio a mí mismo ahora —murmuró, para luego tratar de ahogarse a sí mismo con el café, de alguna manera. Volvió a apretar muy fuerte la taza, muy nervioso—. Siempre he tratado de protegerlo. Siempre. Siempre. Y cuando me descuido un día le pasa eso y yo... ¡es mi culpa!
—No digas eso —solté, un poco enojada—. No fue tu culpa.
—No, fue mi culpa —escuché a Khris detrás de nosotros. Sentí cómo se sentaba a mi lado. Sonaba incrédulo—. Fue mi culpa. Debí haber ido yo mismo. Debí- yo sólo... Fue mi culpa —finalizó.
Tenía demasiada presión conmigo, porque tenía que calmar a Fede, calmar a Khris, calmar a Matteo y calmarme a mí misma. La única persona que se tomó todo con tranquilidad aparente —lo digo porque ahora sé lo mal que se sintió— fue Sid. Y quería robarle esa tranquilidad para poder pensar todo mejor.
No podía hacer eso sola, así que como pude me escapé de la cocina y corrí hacia el balcón, necesitada de aire fresco y de las estrellas que quizá me calmarían. Saqué mi teléfono y le marqué a Kira.
—Necesito que vengas —dije sin más.
Kira llegó 20 minutos después. Fue muy difícil para ella escaparse de su casa sin que Des se enterara. Luego fue aún más difícil sacar su motocicleta (SÍ, JEJEJJE. Te recompensé con tu motocicleta, aire. Aún no se me olvidó cuando me pediste tener una en la historia) de la cochera sin hacer el más mínimo ruido. Pero llegó y eso era lo que contaba.
Me encerré con ella en la habitación de Fede —porque Matteo se había apoderado de la mía. Pero no importaba siempre y cuando lo hiciera sentir menos sucio— y me obligué a mí misma a contarle todo lo que había pasado desde el principio. Al final, quedó igual de devastada que cualquiera de nosotros.
—Qué monstruoso —musitó.
Yo asentí, sin nada más que decir.
—Ahora... ahora entiendo porqué es tan... tan él. Porqué le gustan las cosas suaves y olorosas, porqué ama estar limpio, porqué es... es tan feliz. Incluso explica porqué siempre anda pregonando por ahí que es virgen. Sólo quería borrar lo que le pasó.
Volví a asentir, levantándome del sillón. Caminé hasta la ventana.
—No sabemos qué hacer. No hay suficiente dinero para pagar el maldito psiquiatra y no creo que sea lo correcto pedirle dinero a mis padres. Nos preguntarán para qué lo queremos y tendremos que decirles lo que pasó y- Dios, no confiarán en nosotros de nuevo y nos llevarán con ellos de regreso a Celje. A todos nosotros. Incluso a Sid, probablemente —gruñí.
—Yo puedo pedirle dinero a Des... Tengo suficiente gracias a la herencia —se encogió de hombros—. No creo que le moleste si tomo algo de ahí para pagar la terapia.
Negué. —Gracias, pero Fede se opondrá a esa opción.
Y era cierto. Orgulloso como él no había nadie.
—¿Y Sid? ¿No tiene dinero?
Negué. —Gastó todo el dinero del mes en remodelar su casa. No verá un centavo hasta el próximo mes y a penas vamos entrando a Abril.
—¿Y cuál es el plan?
Guardé silencio. No había ningún plan. Ese era el problema.
Los días siguientes fueron una total tortura. Todos nosotros estábamos demasiado preocupados por Matteo como para concentrarnos en nuestras actividades cotidianas. Yo falté a la escuela tres días seguidos y Fede obtuvo un reporte en Pesca y Gastronomía por no poner atención. Khris a penas podía leer las aburridas leyes que tenía que aprenderse para la próxima clase —las cuales claramente no se quedaban en su cabeza—, y para Sid era muy difícil terminar los bocetos del trabajo a lápiz que le pusieron en la clase de Arte. Todos estábamos quebrados.
Pero definitivamente el peor fue Matteo. No comía, no dormía, pero tampoco salía de mi cama, y tenía demasiadas escencias mezcladas en su cuerpo debido al baño constante. Las pocas veces que pudo cerrar los ojos despertaba minutos después a causa de una pesadilla.
Pero un día simplemente se levantó de mi cama y se vistió con la ropa de Fede —que le quedaba un poco grande— y se dispuso a hacernos de comer. Cuando escuché ruidos en la cocina pensé que era un mapache porque sólo estábamos Kira, él y yo en casa. Pero era él. Y estaba parado frente a la estufa moviendo algo en una cacerola.
—¿Matteo? —soltó Kira, pasmada.
Él se giró hacia nosotras. Portaba la sonrisa más grande que le había visto mostrar hasta ese día y se veía repuesto. Los moretones habían prácticamente desaparecido al pasar los días —aunque las heridas emocionales no se irían tan fácil—.
—Hey —saludó, girándose de nuevo a la cacerola—. Estoy haciendo algo de sopa. Pero no creo que me quede bien —se lamentó.
Miré a Kira.
—Pero... ¿te sientes bien? —preguntó por mí. Yo seguía muy anonadada para hablar.
Él chazqueó la lengua. —Claro que lo estoy. ¿Por qué no estarlo? —volvió a mirarnos—. Oh, Kyo, ¿puedes comprarme uno de esos jabones tuyos? Ése que huele a canela. Es simplemente delicioso.
Fruncí los labios sin aún saber cómo reaccionar. Al final, hablé. —Sí... claro...
No pude dormir ese día.
A la mañana siguiente, Matteo se levantó primero que todos y se dispuso a hacernos desayuno y limpiar el apartamento. Como mencioné antes, no éramos muy cuidadosos con el porque siempre se desarreglaba otra vez o estábamos todos demasiado ocupados. Pero fue agradable que Matteo lo hiciera porque quedó realmente confortable y oliendo a hawaiian breeze. Luego del almuerzo fue a tomar su última clase del día en la universidad.
Una semana había pasado y seguía tan activo e irradiando tanta felicidad que incluso cansaba. Nos acompañaba todos lados y quería salir desesperadamente y no sólo quedarse en nuestro apartamento o el de Khris.
Pero por alguna razón no quería ir al área Oeste de la ciudad.
Y sospecho que es porque Avgust's quedaba por ahí.
Todos sabíamos que hacía todo eso para sentirse mejor consigo mismo. Todos sabíamos que era su manera de tratar de sentirse mejor consigo mismo y olvidar lo que le había pasado. Pero sólo yo sabía que no estaba funcionando. Y quería- debía hacer algo.
—Sid —susurré desde la puerta de mi habitación. Él cambió su trayecto de la habitación de Fede a la mía y entró como si de la CIA se tratara. Cerré la puerta detrás de mí y lo miré a los ojos—. Hay que hacerlo. Hay que ir a Avgust's.

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